9.4.08

DE INGLESES, NEOINGLESES, SOVIÉTICOS Y NEOSOVIÉTICOS (ALIAS RUSOS) 

Cierto que los nazis cometieron muchas atrocidades. Muchísimas. Pero los aliados no les iban a la zaga. Las atrocidades que estos últimos cometieron son espeluznantes. Abrasaron vivos a sus semejantes sin necesidad, como en Hiroshima o Nagasaki. De las atrocidades que cometieron en Alemania hasta algún Juez norteamericano dio cuenta. Los anglocabrones de este lado del Atlántico también se dedicaron a sus fechorías: ellos también robaban y secuestraban personas.
Quién sabe si estos anglocabrones siguen también perpetrando hoy día crímenes de los que pocos o nadie habla. Contra el mundo hispano, claro está. Desde Drake hasta Malvinas, pasando por Faro y por Coruña, por Gibraltar y Cartagena de Indias, desde México hasta Panamá, pasando por Dover y todos los derechos e intereses portugueses en Africa, y también por Methuen y Cuba y Puerto Rico, desde el Ifni, Sáhara Occidental y Timor habiendo pasado por Menorca, Buenos Aires, Angola, Mozambique o Tenerife … la saga continúa. Por no hablar del sometimiento cultural y político sobre Europa, que nos explica Thomas Molnar, y del que hay que huir como de la peste.
No son pueblos que hayan traído paz al mundo precisamente, aunque ellos proclamen lo contrario.
En fin, hablando de experimentos humanos, pero no por parte de nazis, sino por parte de norteamericanos, estos deben recordarse.
Y si los ingleses fueron los inventores de los campos de concentración en Sudáfrica durante la guerra anglo-bóer, los americanos perfeccionaron su práctica y uso, incluyendo su uso desinformativo. Como la guerra total, que tampoco la inventó Hitler, sino un afamado criminal norteamericano considerado héroe por un pueblo ignorante: Sherman, el General Sherman.
De los polvos de la Revolución de 1776 (nada dispar a la de 1789, por cierto) vienen estos lodos: hoy día los USA son un país ateo y donde se persigue a los católicos.
De todas maneras en este mundo de hoy, donde no tiene uno ni dónde caerse muerto siquiera, los teóricos opositores a los anglocabrones –los rusos-, tampoco dan muchos motivos de esperanza. Y no digo que los rusos no tengan sus razones para estar enojados con los yanquis. ¿Pero qué se puede esperar de una nación que machacó a su propio hijo Koroliov, el padre del programa espacial soviético?
¿Y qué se puede esperar de una nación que habiendo podido ser algo de la antigua Roma –tampoco mucho, no vayamos a creer- prefirieron ser la Nueva Cartago?
Pues no mucho, me temo.
Sed et Slavia lux.

Rafael Castela Santos

  • Comentários:
    Leio habitualmente com a atenção que merecem e com proveito os escritos de Rafael Castela Santos. No que toca às suas perpectivas políticas, julgo perceber as razões (espanholas) que o movem na denúncia da actuação secular da Grã-Bretanha, as quais respeito por seram fruto natural da sua hispanholidade e em boa fé.
    Mas, vamos lá, que não se confunda a justeza das queixas espanholas (porventura justificadas) em relação à Inglaterra, com hipotéticas razões de queixa de Portugal relativamente à mesma.
    Não há nada de comum: Portugal tem (tinha) na GB a mais antiga aliada, geralmente para salvaguarda da sua independência e dos seus interesses face a Espanha/Castela.
    Por outro lado, Portugal não faz parte, há muito, desse caldeirão da «hispanidad» [onde não se pode incluir Faro (?) e, já agora, também não Timor, Moçambique...]
    Finalmente, se há agressor do território de Portugal, ainda hoje, é unicamente Espanha que mantém ocupada a velha Olivença.
    Deixe lá, pois, de meter no mesmo saco Espanha e Portugal; muito menos para lançar a Terra de Santa Maria contra a Inglaterra, para sustento e apoio espúrio à política de Madrid.
    Queixas da soberania inglesa sobre Gibraltar?
    Então, que Madrid comece por devolver Olivença.
    Cumps.,
    A. Marques
     
    1 - Os revolucionários independentistas americanos foram ajudado pela (católica) França pré-1789.

    2 - Não é de desprezar a simpatia da Igreja Católica com a fundação dos Estados Unidos da América.

    A este propósito:
    "The medieval lineage of democracy was so well established among educated American Catholics that in 1926 Michael Williams, the editor of Commonweal, cited Wilfrid Parsons, S.J., editor of America, as the authority for asserting "that it is from Saint Thomas Aquinas and the political theories of the Catholic Middle Ages that the American political tradition derives. The founders of the republic took their political thought from the English Whigs of the eighteenth century, who themselves took it directly from the writings of the Jesuit theologians, Suarez and Ballarmine [sic], who took it from Saint Thomas--and the thought of Saint Thomas has been sealed with the approval of the church."

    "Hayes informed his coreligionists, they must "grasp the significant truth that America is the daughter of the Catholic church. Not only was this continent discovered and opened to the whole world by Catholics, but our country could not possibly be what it is now had it not been for Catholic Christianity." As "an idea, a type of culture," Catholicism had shaped the whole of Western civilization so deeply that every institution and ideal of true Americanism had its "embryo and antetype...in Catholic theory and practice." Thus the democratic institutions of early New England were rooted in "an older tradition of democratic guilds, democratic communes, institutions of representative government, trials by juries of one's peers, and Magna Chartas--an older tradition, the whole of which was inextricably interwoven with the life and spirit of mediaeval, Catholic Europe."

    fonte:http://www.thefreelibrary.com/
    How+Catholic+is+the+Declaration+of+Independence
    %3F-a018093488
     
    Al Sr. Marques:

    Contesto por alusiones y nada más. La actitud del Grupo de Amigos de Olivença de parece tan despreciable, miserable y ruin que prefiero abstenerme del contacto con sus miembros.
    Dicho sea esto, como le pueden corroborar mis muchos amigos portugueses, soy un español que he defendido por activa y por pasiva que Olivenza debe ser devuelto a Portugal porque en este contencioso la verdad, la justicia y la razón asisten a Portugal. Creo que hay entradas mías en el foro hispanismo.org defendiendo tal posición. Y no soy el único español de inclinación tradicional que piensa de igual manera. Somos bastantes.
    Por lo demás su declaración de un Portugal no perteneciente a la Hispanidad contradice a algunos compatriotas suyos. Existen muchos portugueses, muchos e insignes, que se sienten hispánicos, pero no españoles, que es como en buena lid debe ser. Desde Camoes hasta António Sardinha, desde Alexandre Herculano hasta Carlos Malheiro Dias, desde Moniz Barreto a Ricardo Jorge, desde Maria Carolina de Vasconcelos hasta el mismísimo Padre Vieira (poco sospechoso de simpatías por España, por cierto), todos se reconocen hispánicos precisamente por portugueses. Me perdonará el Sr. Marques si me inclino por los argumentos y sólido aval de los autores lusos antes mencionados que no por las raquíticas disquisiciones del Sr. Marques.
    Permítame resumírselo, Sr. Marques. La Hispanidad tiene dos columnas: la españolidad y la lusitanidad. Si prefiere otros términos como "Iberidad" o algo parecido, convertimos el debate en académico, pero este no es el motivo de mi entrada.
    La miopía política hace que muchos portugueses consideren Gran Bretaña como aliada. Inglaterra pudo ser aliada de Portugal hasta la Reforma. Después nunca. De facto, los hechos lo atestiguan, Portugal ha sido perjudicada por esta relación. Si no se quiere ver, allá cada cual.
    Por lo demás el Sr. Marques podría abstenerse de hacer atribuciones sobre mi pensamiento que son tan gratuitas como erróneas: "Deixe lá, pois, de meter no mesmo saco Espanha e Portugal; muito menos para lançar a Terra de Santa Maria contra a Inglaterra, para sustento e apoio espúrio à política de Madrid." Tierra de María es también España, por cierto, por declaración de la Santa Sede. No se trata de ir contra nadie y de utilizar a alguien en beneficio de otro. Esos juegos de maquiavelismo político se los dejo a Franco Nogueira y a sus secuaces. Se trata de reafirmar Portugal, de "reaportuguesar Portugal". A Portugal le va mal bajo Inglaterra y a España le va peor bajo Francia. Y lo malo es que para ser independientes España y Portugal tienen que ser independientes las dos. Además, vea Vd., llevo muchos años de mi vida pasados en Inglaterra (a quien debo prácticamente todo lo que soy profesionalmente) y fui forjado intelectualmente por un inglés genial, Chesterton, desde una tierna edad. Así que no se trata de ir contra nadie, sino de ser nosotros mismos. Nada más.
    Por otro lado el día, ya menos lejano, que Inglaterra retorne a la Santa Iglesia Católica toda esta discusión seguro que se ha acabado porque existirá una identidad espiritual corroborando la identidad geopolítica de las tres naciones, que es distinta de la de Mitteleuropa.
    Es verdad, quiero un Portugal verdaderamente libre e independiente. Por dos razones. En primer lugar porque amo a Portugal. Y esta es la más principal de las razones. En segundo porque si Portugal no es verdaderamente libre e independiente España tampoco puede ser libre e independiente.
    Si el Grupo de Amigos de Olivença entendiera que hay políticas de Dios que aspiran al Reino de Cristo que son a las que España y Portugal están obligadas, como que no se puede comparar las consecuencias de la no devolución de Olivenza por su situación con la merma gravísima de lo de Gibraltar por la crucial posición que ocupa, empezaríamos a poder hablar un lenguaje común. No siendo así, como no lo es, no hay mucho más de que hablar. Tampoco sé si esto es posible dado el cipayaje y vasallaje político -al menos de modo fáctico-, y el discreto, de ciertas personas de esta asociación con los hijos de la Gran Bretaña.
    António Sardinha supo ver todo esto más clarividentemente que lo que traducen los textos del Grupo de Amigos de Olivença y escribió páginas razonadas y nada viscerales sobre Inglaterra y Francia en relación a España y Portugal. Alianza Peninsular sí, pero Portugal Portugal y España España. Ni preconizo que Portugal sea absorbida por España ni que España (o partes de ella, como Galicia) sean absorbidas por Portugal.
    Y voy a seguir metiendo en el mismo saco de la Hispanidad (que es distinto de españolidad) a Portugal. Vd., con tan pobrísimos argumentos, carece de autoridad para indicarme (menos aún para ordenarme chulescamente) lo contrario.
    ¿Le queda claro, Sr. Marques?
    Hasta siempre,

    RCS


    Al Sr. Anónimo:

    El cúmulo de disparates de sus conclusiones como de los autores que trae en su apoyatura son absolutamente sublimes.
    Autores católicos como Belloc tiran por tierra toda esa argumentación.
    El problema de las colonias protestantes Estados Unidos es que fueron fundadas con un molde católico vaciado. Es decir, la Monarquía británica seguía conservando el cascarón católico, pero era hueca -evidentemente- de catolicismo. El republicanismo norteamericano de Washington y Jefferson es un intento de fundación de algo completamente alejado de la Iglesia Católica (ni los anglicanos se atrevieron a tanto en sus guerras y persecuciones contra los católicos).
    Suárez, precisamente, adolece como escotista en el fondo que es del orden que propugna Santo Tomás de Aquino. Una lectura de Suárez exenta de Santo Tomás puede llevar a conclusiones últimas erradas, pero donde la libertad individual está exaltada en exceso. Empero dígame una sola página de las Disputaciones Metafísicas donde se mantenga una libertad individual irrestricta, como propugna el Novus Ordo estadounidense. Santo Tomás desde luego que no. Y menos aún un sistema que conculca la Monarquía.
    ¿Quiere autores en mi favor? Pues mire: Dr John Rao en su libro Americanism, Herbert E Bolton en su Wider Horizons of American History o algunos trabajos del fallecido Profesor Frederick Wilhelmsen. Estos entre los católicos. Melvin Bradford en A Better Guide than Reason o la excelente compilación de Conrad Cherry en God's New Israel: Religious Interpretations of American Destiny, entre los no católicos, le darán argumentos suficientes y probados que apoyan mi aserto. Si prefiere algo en una sola obra sucinta, el tomo II de Puritans' Progress: A Catholic Perspective, de Matthew Anger, Peter Chojnowski y el Padre Kenneth Novak, sería suficiente para demostrar la acatolicidad de la independencia norteamericana.
    La crux de la cuestión es el protomodernismo y el modernismo de la Iglesia Católica en Norteamérica, ejemplificado en los fracasados experimentos ecumenistas de Maryland y el Cardenal Gibbons respectivamente. Ese protomodernismo norteamericano, que bebe en Locke a raudales y que se nutre de un catolicismo francés mentecato teñido de jansenismo, sí tuvo algo que ver con la independencia. Esto es innegable. Como innegable es que esta forma de catolicismo, que alcanza su clímax en el Congreso de las Religiones de Chicago de 1870, ha sido condenado.
    ¿Pero echarle el muerto de la independencia norteamericana a los católicos no le parece excesivo?
    Respecto a su primer aserto es fácilmente desmontable: la Francia ilustrada y enciclopedista es anticatólica, que es la que ayuda a la independencia norteamericana. Así que ese argumento se cae por su propio peso.
    Respecto al segundo dudo mucho que tal simpatía fuera conceptual o por la independencia en sí misma. Ahora bien, recuerde que en aquel momento los católicos están siendo perseguidos en Gran Bretaña (recordemos las infames leyes contra los católicos del XVII y XVIII en las islas británicas). Ciertamente que la Iglesia preveyó que en los EE.UU. independizados esto podría mitigarse. Para disgusto de la Iglesia poco tardó en comprobar que los estados norteños (yanquis) promulgaron prontamente tras la independencia leyes anticatólicas. Esto no fue así en los estados de la Confederación, donde también hubo persecuciones contra los católicos (por ejemplo en Virginia), pero donde los asesinos de católicos fueron perseguidos judicialmente y no hubo leyes contra ellos. De ahí la simpatía de la Iglesia hacia la Confederación, como ilustran los escritos y cartas de Pío IX.
    Repito: la independencia norteamericana fue tan revolucionaria como la Revolución Francesa. Y esa independencia llevaba en sí los gérmenes anticatólicos que se han manifestado y se siguen manifestando a lo largo de la historia.
    Un cordial saludo,

    Rafael Castela Santos
     
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